
Tengo un osito de peluche muy travieso que le gusta esconderse.
Le estiro las orejas, los bracitos y le toco su nariz.
¡Es tan blandito y simpático!
Siempre está riendo y cuando me descuido ¡no lo encuentro!
Mi madre dice que se esconde por tirarle de las orejas.
Pero yo no le hago daño.
¡Lo quiero mucho!
Soy tan feliz al acariciarlo. Sin él no me podría dormir pues me encanta sentir su tacto.
Y cuando sueño él me habla, dice que me quiere mucho y no le importa que le coja las orejas y acaricie su nariz.
¡Es mi mejor amigo!
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